La primera mañana y después de nuestro primer desayuno en tierras tailandesas (q fue un desayuno continental q clásicos!!!) nos dirigimos hacia la playa en busca de un medio de transporte para buscar las zonas de escalada. Nuestro barquero particular nos lleva y acordamos con él el regreso, empieza el regateo, el hombre se hace el duro pero al final acepta y nos lleva, montar en esas barcas es algo genial, nuestras cámaras no dejaban de hacer fotos de ese momento tan nuevo y especial, sientes que estás lejos de todo, el agua nos moja todo el rato pero nos encanta, vemos a lo lejos la isla del camello (no se llamaba así, creo, pero a mí me parecía un camello)y desembarcamos en Railay, mmmm muy turístico para mi gusto, la playa está muy bien y hay volley playa pero para llegar a la zona de escalada hay q atravesar un complejo de resorts por la milla de oro, Tina y yo la recorrimos mil veces ese día y acabamos un poco hartitas y se hace eterno, como ya he dicho, demasiado turístico, nos sentamos a pie de via q es a la vez en primerísma línea de playa, estos chicos se ponen el arnes y ahí está un tailandes-jamaicano escalando vias como si fueran bloques, sin nada, ni siquiera pies de gato. Estos se ponen a cubrirle pero no parece gustarle así q le dejan a su aire y cuando se cansa el tio, salta! tiene la espalda llena de tatuajes y lleva una coleta para arriba muy graciosa.
Nos entra hambre y compramos mazorcas de maiz y piña que sabe más dulce, está buenísima, en seguida aparece gente vendiendo esterillas y ropa, nos ofrecen los primeros masajes, Marta y Raul se dan uno en los pies, aparecen barquitos con comida y con su tabla de precios y todo, Pad Taï recién hecho y cervecitas frescas, que más se puede pedir! nos bañamos en las aguas más cristalinas que he visto en mi vida, Fran y yo nos vamos de exploradores y llegamos a otra islita con más vías, buf que bien se está aquí, pero no hay ni una sombra y nos volvemos con el grupo.
Pasamos el día y volvemos donde habíamos quedado con nuestro barquero, a la mafia de las barcas no les hace gracia q tengamos nuestro propio barquero porq ellos tienen todos el precio cerrado y no aceptan regateo, se enfadan porq tenemos un trato con él pero nosotros nos vamos de vuelta a Noppharat, nos quedamos en un chiringuito con palacete muy chill out, buena música, sandía fresquita, billar y una siestecita.
A Javi le muerden unas hormigas asesinas y le dejan el brazo fatal.
Nos vamos de camino al bungalow y nos montamos en un tuk tuk paramos al ver a estos que Marta se ha parado a un masajito, los demás seguimos el camino, nos duchamos y a cenar, el sitio más taï, auténtico, donde cenan los de allí, donde nos sacan un pesacado con una pinta sospechosa para que decidamos comérnoslo y si no pues un cerdo tambien con una pinta... nos decidimos por los noodles que sabemos lo q son...todo muy gracioso porque allí nadie hablaba inglés y nosotros empezamos a decir cosas en taï pero la pronunciación no debe ser muy buena y se ríen jajaja lo pasamos muy bien y todo estaba riquísimo, un paseo para bajar la cena, llegamos hasta Ao nang (Ao nang Aonaaaaang) y vemos las señales de evacuación en caso de Tsunami, te das cuenta de lo poco que tienes que hacer en caso de que venga una ola de esas y piensas en lo horrible que tuvo que ser estar ahí cuando pasó...
Vámonos a dormir q mañana será un día duro! hay que buscar alojamiento en las zonas de escalada, decidimos que iremos a Ton Sai a ver q se cuece por alli y si no encontramos alojamiento volver a Railay donde lo habíamos dejado apalabrado...
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